AMOR, MUERTE Y FRUSTRACIÓN
“Una historia sin final feliz”
“Una historia sin final feliz”
“Hoy es el gran día, luego de algunos meses de tener una extraña relación amorosa por los medios que la comunicación nos brinda como la Internet y el celular, ¡por fin! Fabián y yo vamos a conocernos personalmente. Ya lo se, y muchos me lo han dicho es algo loco y raro, pero ¿Qué es eso tan terrible que puede pasar? Tengo la plena seguridad que es un joven universitario como cualquier otro, por esa parte estoy tranquila, puesto que una amiga de hace algunos años fue quien nos puso en contacto, entonces, para mi lo terrible puede ser que luego de vernos el gusto se pierda y que lo que venia siendo tan fantástico se derrumbe, pero es un riesgo que los dos debemos correr.No voy a negar que en ocasiones me desilusiono y pienso que tan solo es una aventura cibernética, pero él con sus dulces palabras, sus historias y sus bromas me convence de nuevo en creer, en estar segura que el amor trasciende mas allá de lo físico, del tiempo y del espacio, lo que he podido comprobar por mi parte que así es, pues en esos días de desilusión he intentado salir con más muchachos y olvidarme de esta locura, pero no lo logro, en mi mente y mi corazón siempre está su imagen, sus palabras, su sonrisa y vuelvo a creer, a sentir un frió que pasa por mi cuerpo como sintiendo su presencia, tal vez éste sea el espíritu mágico del amor que me cobija.
Desde que el llego a mi vida, los días son mas agradables, su recuerdo me hace sonreír de repente cuando algo me afecta, cuando camino hacia el autobús canto por la calle y en ocasiones me despierto susurrando su nombre, y me pregunto ¡Fabián, Fabián! ¿Qué has hecho con mi vida? Y con tan solo dos segundos de silencio dentro de mí encuentro la respuesta, has logrado lo que muchos antes no lograron, enamorarme, hacerme feliz, brindarme confianza sin cohibirme, sin asesinar sueños ni cortar alas, no has dejado de ser mi amigo, mi cómplice y la persona que me escucha.
Nos hemos jurado amor eterno por si se nos hace corto el que tengamos en esta vida terrenal, hemos compartido fragmentos de nuestro pasado y deseos futuros siempre pensando en los dos, mediando nuestras diferencias y deseando que se hagan realidad.
Son las 9:30 am, ya es hora de alistarme, no quiero arruinarlo, tengo todo calculado, desde el tiempo en que ingrese al baño hasta el momento en que llegue al lugar de nuestra cita, no quiero llegar tarde ni tener ningún percance, así es que me voy a bañar para lucir aquel vestido rojo que solo utilizo en ocasiones especiales y esta es una de ellas, además resalta el color de mi piel y con él me siento segura.
Estas son mis últimas palabras por ahora, me siento tan emocionada, por fin vamos a dar un paso adelante en nuestra relación y tal vez este influya para el resto de nuestras vidas.”
Esta fue la última inscripción de mi amada Ana María en su diario, el cual llenaba al final del día y en ocasiones me compartía con su melodiosa voz aquellos párrafos que escribía pensando en mi, aquel 13 de mayo por alguna razón inexplicable, tal vez por la emoción que le generaba nuestro encuentro y para no dejarse abordar por el nerviosismo decidió hacerlo en la mañana.
Ana María aquella chica tolimense de la que me enamoré, a la que conocí una tarde de mayo y se marcho una mañana del mismo mes, a la que deje de hablarle durante mucho tiempo, pero que por cosas del amor se cruzaron de nuevo nuestros caminos para que juntos encontráramos la felicidad.
Hoy, después de aproximadamente dos años de su muerte, por fin me atrevo de nuevo a pronunciar su nombre y a hablar de nuestro amor, cada día la he recordado, siempre feliz, sonriente, cantando esa música que conocí gracias a ella, sus ojitos pequeños pero expresivos, negros y enigmáticos que siempre me llamaron la atención.
Nunca olvidare el día en que descubrimos nuestras cosas en común, los dos amantes de la filosofía, de la música, del campo, el gusto por los animales y por el futbol, siempre me imagine viendo un partido clásico con ella en el estadio, pero ahora tan solo queda el recuerdo efímero de aquel impotente deseo que me invadía por esa época.
Hay quienes creen que luego de su muerte enloquecí por que trate de dejarlo en un lugar apartado de mi memoria, pero alguien en cierta ocasión me dijo que hasta que no desahogase estos sentimientos de dolor reprimidos no descansaría, me cuesta aceptarlo pero es cierto, me causa dolor recordar lo que paso ese fatídico día de nuestro encuentro.
La cita era a las 11: 00 am en un café del centro de la ciudad, yo como siempre estuve 15 minutos antes de la hora, me senté en la mesa frente al ventanal a esperar la llegada de la chica del atuendo rojo, la vi al otro lado de la calle, lucia radiante, tenía una figura esbelta; esperó el cambio del semáforo y aproveche para contemplarla desde el otro lado de la calle, luego como un ángel caminaba por la avenida hacia mí, cruzamos nuestras miradas con timidez y en ese momento un auto perdió el control, era un camión repartidor de lácteos del que se desprendió su carrocería, en el instante la perdí, corrí a auxiliarla y aun la halle con vida, su piel blanca y suave aun estaba tibia y susurrando me dijo al oído: “por siempre te amare, busca mi diario, léelo y no me olvides”, luego cerro sus ojos, la besé y se marcho.

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